Muchas veces, cuando más ayuda necesitamos, cuando más sufrimos y peor nos va, más rechazamos la ayuda que nos brindan.
Recibir ayuda no nos hace débiles, si lo recibimos bien puede hacernos más fuertes y hablar bien de nosotras.
Debemos aprender a ser independientes, pero también a saber recibir una mano amiga.
Los seres humanos fuimos educados en un contexto de independencia falso; en el que nos enseñaron que siempre debemos hacer las cosas “solos y bien”. Y en el intento de cumplir con la premisa nos embarcamos en una ruta de esfuerzos y fracasos; de ensayo y errores, creyendo que la única forma posible de avanzar y aprender es a través de los golpes de la vida. Dicen que vivir es como estar en la escuela, que vinimos a aprender lecciones pendientes, y que los momentos de alegría y esparcimiento son nuestros recreos. Será tal vez por eso que algunos dicen “la felicidad es un ratico”.
Sin embargo dada la evolución alcanzada, los cambios tecnológicos, y los descubrimientos que se revelaron ante nuestros ojos, seguir sosteniendo como una única posibilidad de aprendizaje el sufrimiento es obsoleto.
Me arriesgo a decir que no sólo del miedo aprendemos o de las malas experiencias, o de los errores, también podemos aprender del amor, de todo aquello que nos sale con éxito, de los sueños, de nuestra voluntad, de la capacidad de escuchar, de dar y de recibir.
Y el verbo “recibir” es uno de los verbos menos actuado en la sociedad de nuestros tiempos. Ha merecido mala prensa. Es mejor “dar” que “recibir”, e incluso “dar sin esperar recibir” es un punto extra que se suma en nuestros currículos de buenas personas. Dar, dar, dar; como dijo la Madre Teresa: “Hasta que duela” pero sospecho que en nuestro entorno social, ha sido malinterpretado.
Dar también implica recibir; dar es estar en actitud de apertura, recibiendo del universo su caudal de información, energía, y amor. Es estar atento a lo que ocurre fuera y dentro de nosotros mismos.
¿Por qué crees que no mereces recibir? Esta tendencia al auto-boicot; a desmerecernos, la arrastramos a todos los ámbitos de nuestras vidas. Cómo he dicho en varias oportunidades lo que sentimos lo expresamos en las acciones cotidianas, en nuestra peculiar forma de relacionarnos.
A veces subsumidas en situaciones de estrés, de ansiedad, de peligro incluso, nos alejamos de la mano amiga, benefactora, contributiva, porque hay una voz interior que nos recuerda que “no somos lo suficiente para merecer ese respeto, ese cariño, esas oportunidades”. Nos cerramos a las posibilidades de avanzar, y crecer, por estar mirando atrás, y autocastigándonos.
Saber recibir apoyo no nos hace débiles, por el contrario, nos glorifica; nos hace más humanas, porque nos sitúa en un plano en el que captamos la finitud de nuestros actos; y la incapacidad para con algunas cosas, en la que podemos decir sin temor “con esto sola yo no puedo” y no perdemos glamour, ni estilo; por el contrario ganamos la confía de ser quienes somos.
Tenemos la capacidad de transformar nuestra realidad, depende de nosotras elegir soportar todo el dolor, solas y en silencio, o compartirlo con quienes nos ofrecen su ayuda.
viernes, 8 de julio de 2011
"VOLVER A EMPEZAR" (Por Yamila R)
Estaba necesitando hacer una limpieza en mí...
Tirar algunos pensamientos indeseados.
Lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados.
Entonces saqué, del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero más:
Tiré algunos sueños, algunas ilusiones...
Sonrisas que nunca di. Tire la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.
Miré para mis sonrisas futuras y las alegrías pretendidas , y las coloqué en un cantito, bien ordenaditas.
Saqué todo del armario y lo fui tirando al suelo.
Pasiones escondidas, deseos reprimidos.
Heridas de un amigo, recuerdos de un día triste.
Pero también encontré otras cosas y muy bellas :
Un pajarito cantando en mi ventana.
Aquella luna color plata, el poner del sol.
Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.
Arrojé en el cesto, los restos de un amor que me hirió.
Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante, las tiré en el mismo instante.
Otras cosas que aún me hieren... veré que haré con ellas.
Fue en aquella gaveta en la que uno guarda lo que es mas importante, el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de Fe, para los momentos en que necesite.
Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenaditos los deseos, coloqué perfume en la esperanza pasé un pañito en el estante de mis metas, y las dejé a la vista, para no olvidarlas.
Coloqué en los estantes de abajo, algunos recuerdos de infancia.
En la gaveta de encima, las de mi juventud y colgado bien a mi frente, coloqué las de mi capacidad de amar y principalmente las de RECOMENZAR.
Tirar algunos pensamientos indeseados.
Lavar algunos tesoros que estaban medio oxidados.
Entonces saqué, del fondo de las gavetas, recuerdos que no uso y no quiero más:
Tiré algunos sueños, algunas ilusiones...
Sonrisas que nunca di. Tire la rabia y el rencor de las flores marchitas que estaban dentro de un libro que nunca leí.
Miré para mis sonrisas futuras y las alegrías pretendidas , y las coloqué en un cantito, bien ordenaditas.
Saqué todo del armario y lo fui tirando al suelo.
Pasiones escondidas, deseos reprimidos.
Heridas de un amigo, recuerdos de un día triste.
Pero también encontré otras cosas y muy bellas :
Un pajarito cantando en mi ventana.
Aquella luna color plata, el poner del sol.
Me fui encantando y distrayendo, mirando cada uno de aquellos recuerdos.
Arrojé en el cesto, los restos de un amor que me hirió.
Tomé las palabras de rabia y de dolor que estaban en el estante, las tiré en el mismo instante.
Otras cosas que aún me hieren... veré que haré con ellas.
Fue en aquella gaveta en la que uno guarda lo que es mas importante, el amor, la alegría, las sonrisas, un dedito de Fe, para los momentos en que necesite.
Recogí con cariño el amor encontrado, doblé ordenaditos los deseos, coloqué perfume en la esperanza pasé un pañito en el estante de mis metas, y las dejé a la vista, para no olvidarlas.
Coloqué en los estantes de abajo, algunos recuerdos de infancia.
En la gaveta de encima, las de mi juventud y colgado bien a mi frente, coloqué las de mi capacidad de amar y principalmente las de RECOMENZAR.
"EL CORAZON MAS HERMOSO" (Por Reinaldo Guzman)
Un día un hombre joven se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en el ni máculas ni rasguños.
Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar .
De pronto un anciano se acercó y dijo: "Perdona mi atrevimiento, pero, por qué dices eso, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío, o el de tantas otras personas ?"
Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.
La mirada de la gente se sobrecogió ¿como puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron ...
El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. "Debes estar bromeando," dijo.
Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."
"Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo...
Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor.
Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido."
"Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio.
De ahí quedaron los huecos, dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón." "¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?"
El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.
El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección.
Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.
Sí, en verdad ahora, puedo ver lo hermoso que es tu corazón.
Y tu corazón, ¿cuántas cicatrices tiene?
Una gran multitud se congregó a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no se observaban en el ni máculas ni rasguños.
Sí, coincidieron todos que era el corazón más hermoso que hubieran visto.
Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso aún, y con mayor fervor aseguró poseer el corazón más hermoso de todo el vasto lugar .
De pronto un anciano se acercó y dijo: "Perdona mi atrevimiento, pero, por qué dices eso, si tu corazón no es ni tan, aproximadamente, tan hermoso como el mío, o el de tantas otras personas ?"
Sorprendidos la multitud y el joven miraron el corazón del viejo y vieron que, si bien latía vigorosamente, éste estaba cubierto de cicatrices y hasta había zonas donde faltaban trozos y éstos habían sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente en el lugar, pues se veían bordes y aristas irregulares en su derredor. Es más, había lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos.
La mirada de la gente se sobrecogió ¿como puede él decir que su corazón es más hermoso?, pensaron ...
El joven contempló el corazón del anciano y al ver su estado desgarbado, se echó a reír. "Debes estar bromeando," dijo.
Compara tu corazón con el mío... El mío es perfecto. En cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor."
"Es cierto, dijo el anciano, tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraría contigo...
Mira, cada cicatriz representa una persona a la cual entregué todo mi amor.
Arranqué trozos de mi corazón para entregárselos a cada uno de aquellos que he amado. Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto. Como las piezas no eran iguales, quedaron los bordes por los cuales me alegro, porque al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido."
"Hubo oportunidades, en las cuales entregué un trozo de mi corazón a alguien, pero esa persona no me ofreció un poco del suyo a cambio.
De ahí quedaron los huecos, dar amor es arriesgar, pero a pesar del dolor que esas heridas me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza, que algún día -tal vez- regresen y llenen el vacío que han dejado en mi corazón." "¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?"
El joven permaneció en silencio, lágrimas corrían por sus mejillas. Se acercó al anciano, arrancó un trozo de su hermoso y joven corazón y se lo ofreció.
El anciano lo recibió y lo colocó en su corazón, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con él tapó la herida abierta del joven. La pieza se amoldó, pero no a la perfección.
Al no haber sido idénticos los trozos, se notaban los bordes.
El joven miró su corazón que ya no era perfecto, pero lucía mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.
Sí, en verdad ahora, puedo ver lo hermoso que es tu corazón.
Y tu corazón, ¿cuántas cicatrices tiene?
"EL ANILLO DEL REY" (Por Reinaldo Guzman)
Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte:
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey -. Pero no lo leas - le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
¿Qué quieres decir? - preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
Escucha - dijo el anciano -: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.
Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total...
Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.
El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:
No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje - el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey -. Pero no lo leas - le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-
Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...
De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía "ESTO TAMBIEN PASARA".
Mientras leía "esto también pasará" sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.
El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.
El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.
¿Qué quieres decir? - preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.
Escucha - dijo el anciano -: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "Esto también pasará", y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.
Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.
"EL CUERPO GRITA LO QUE LA BOCA CALLA" (Por Dr Nelson Torres)
"La enfermedad es un conflicto entre la personalidad y el alma".
Bach.
Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de "vivir".
Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo?
La Enfermedad no es mala, te avisa que te estas equivocando de camino.Me parece bonito compartir este mensaje:
El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semaforos llamados AMIGOS, luces de precaucion llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes: Una llanta de repuesto llamada DECISION, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, abudante combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo un experto conductor llamado DIOS
Bach.
Muchas veces...
El resfrío "chorrea" cuando el cuerpo no llora.
El dolor de garganta "tapona" cuando no es posible comunicar las aflicciones.
El estómago arde cuando las rabias no consiguen salir.
La diabetes invade cuando la soledad duele.
El cuerpo engorda cuando la insatisfacción aprieta.
El dolor de cabeza deprime cuando las dudas aumentan.
El corazón afloja cuando el sentido de la vida parece terminar.
La alergia aparece cuando el perfeccionismo está intolerable.
Las uñas se quiebran cuando las defensas están amenazadas.
El pecho aprieta cuando el orgullo esclaviza.
La presión sube cuando el miedo aprisiona.
Las neurosis paralizan cuando el niño interior tiraniza.
La fiebre calienta cuando las defensas explotan las fronteras de la inmunidad.
Las rodillas duelen cuando tu orgullo no se doblega.
El cáncer mata cuando te cansas de "vivir".
Y tus dolores callados? Cómo hablan en tu cuerpo?
La Enfermedad no es mala, te avisa que te estas equivocando de camino.Me parece bonito compartir este mensaje:
El camino a la felicidad no es recto. Existen curvas llamadas EQUIVOCACIONES, existen semaforos llamados AMIGOS, luces de precaucion llamadas FAMILIA, y todo se logra si tienes: Una llanta de repuesto llamada DECISION, un potente motor llamado AMOR, un buen seguro llamado FE, abudante combustible llamado PACIENCIA, pero sobre todo un experto conductor llamado DIOS
"¿EDUCAMOS O SOBREPROTEGEMOS?" (Por Yamila R)
Los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos, tienen mayor experiencia y saben más lo que les conviene o no…
Pero a veces los padres protegen demasiado a sus hijos,les imponen demasiadas prohibiciones lo cual provoca más rebeldía. Incluso cuando así logran controlarles, pueden llegar a inhibir su crecimiento hacia la madurez e independencia personal.
Desde que se nace, los padres son los responsables del cuidado, educación y bienestar de los hijos. Esta responsabilidad, perfectamente asumida por los padres, a veces les lleva a sentirse incómodos cuando los hijos crecen e intentan ejercer sus derechos de individualidad y autonomía.
Muchas veces los padres tienden asobreproteger a los hijos, lo cual es algo que puede afectarles negativamente por el resto de sus vidas, especialmente cuando se les sobreprotege durante la adolescencia.
La adolescencia es la etapa de la vida en la que los hijos comienzan a tomar decisiones que pueden hacer de ellos personas independientes, autónomos y capaces. La sobreprotección en la adolescencia puede mermar su capacidad de decisión, autonomía e individualidad justo a la edad en la que más están cambiando, desarrollándose, madurando y convirtiéndose en las personas que serán de mayores.
Para los padres, es difícil aceptar que los hijos están creciendo y volviéndose individuos autónomos, con capacidad propia de elección. Es especialmente difícil cuando están tomando decisiones con las que no están de acuerdo y tomando el rumbo que estiman equivocado. Por ejemplo, si se les intenta proteger de la delincuencia, violencia y mantenerlos informados de los peligros de salir de noche, los hijos suelen tomarlo como una sobreprotección innecesaria, considerando a los padres como dominantes y autoritarios.
Las intenciones por los que los padres protegen a los hijos son obviamente buenas, pero hay que reconocer que existen limitaciones en cuanto a la autoridad que se debe ejercer sobre los hijos, tomando en cuenta que la sobreprotección también puede tener consecuencias en su desarrollo social e independiente, las limitaciones en el desarrollo y la toma de decisiones de los jóvenes, puede desarrollar en ellos algunos problemas que enfrenten más adelante en la vida.
Algunas de las consecuencias de la sobreprotección hacia nuestros hijos:
Pueden desarrollarse como personas tímida.
Pueden desarrollar inseguridad y dependencia de los padres o de alguna figura de autoridad.
Baja autoestima.
Buscan el respaldo de quien les crean que puede darles seguridad y confianza.
Buscan constantemente la aprobación de los demás.
Se dejan influenciar muy fácilmente por los demás.
Tienen dificultad para socializar.
Muy difícilmente son capaces de decir “no”.
Como padres tenemos la necesidad y hasta cierto punto el derecho de saberqué van hacer nuestros hijos, a donde van, con quien y a qué hora van a estar de regreso en casa, después de todo, son nuestra responsabilidad, les amamos, necesitamos saber que están bien y esa no es una sobreprotección, pero sí es una manera de saber que todo marcha correctamente.
La educación y formación de nuestros hijos comienza muy temprano, desde que nacen… y no se debe pretender sólo cuidarlos en su infancia y de repente, cuando son adolescentes educarles y enseñarles cómo manejarse en la vida, pues su formación empieza desde muy pequeños.
Desde una edad muy temprana debemos ser ejemplo para ellos,permitir que cuando salgamos ellos mismos sepan a qué hora estaremos de vuelta en casa con ellos, el motivo por el que salimos, y donde estaremos. Si desde una edad temprana pueden observar una actitud así en los padres, les será más innato ser responsables y aceptar que ellos también deben justificar los motivos por los que salen, a qué hora volverán y con quien estarán. Hagamos nosotras mismas así como queramos que nuestros hijos hagan.
Si cambiamos de planes nuestraautoridad no tiene porqué verse mermada, pero si les estamos enseñando a ser responsables nuestro ejemplo es esencial. Si sólo damos órdenes pero no hemos sido capaces de darles ejemplo, tenemos sobradas razones para fallar en la educación de nuestros hijos, y por mucho que les protejamos o sobreprotejamos no lo lograremos.
Cuando un plan cambia, debemos estar dispuestas a darles ejemplo de humildad. Ser honestos con los hijos es fundamental para una comunicación efectiva. Como padres, siempre debemos ser sinceros, decirles siempre la verdad por muy difícil que a veces resulte, es necesario ser siempre honestos con nosotros mismos, luego con nuestros hijos, para que la confianza sea la base en su educación y de una buena educación, desarrollar una relación con respeto y mucha comunicación.
Hay una línea muy delgada entre la protección y la sobreprotección, esa es una de las razones por las que algunas veces, invadimos la privacidad e individualidad de nuestros hijos. Respetemos las reglas establecidas por nosotros mismos, como padres, respetemos su individualidad de la misma forma como nos gusta que se respete la nuestra.
Siempre tenemos la oportunidad de mejorar como padres, o de cambiar de actitud hacia nuestros hijos, en pos de una familia feliz.
Pero a veces los padres protegen demasiado a sus hijos,les imponen demasiadas prohibiciones lo cual provoca más rebeldía. Incluso cuando así logran controlarles, pueden llegar a inhibir su crecimiento hacia la madurez e independencia personal.
Desde que se nace, los padres son los responsables del cuidado, educación y bienestar de los hijos. Esta responsabilidad, perfectamente asumida por los padres, a veces les lleva a sentirse incómodos cuando los hijos crecen e intentan ejercer sus derechos de individualidad y autonomía.
Muchas veces los padres tienden asobreproteger a los hijos, lo cual es algo que puede afectarles negativamente por el resto de sus vidas, especialmente cuando se les sobreprotege durante la adolescencia.
La adolescencia es la etapa de la vida en la que los hijos comienzan a tomar decisiones que pueden hacer de ellos personas independientes, autónomos y capaces. La sobreprotección en la adolescencia puede mermar su capacidad de decisión, autonomía e individualidad justo a la edad en la que más están cambiando, desarrollándose, madurando y convirtiéndose en las personas que serán de mayores.
Para los padres, es difícil aceptar que los hijos están creciendo y volviéndose individuos autónomos, con capacidad propia de elección. Es especialmente difícil cuando están tomando decisiones con las que no están de acuerdo y tomando el rumbo que estiman equivocado. Por ejemplo, si se les intenta proteger de la delincuencia, violencia y mantenerlos informados de los peligros de salir de noche, los hijos suelen tomarlo como una sobreprotección innecesaria, considerando a los padres como dominantes y autoritarios.
Las intenciones por los que los padres protegen a los hijos son obviamente buenas, pero hay que reconocer que existen limitaciones en cuanto a la autoridad que se debe ejercer sobre los hijos, tomando en cuenta que la sobreprotección también puede tener consecuencias en su desarrollo social e independiente, las limitaciones en el desarrollo y la toma de decisiones de los jóvenes, puede desarrollar en ellos algunos problemas que enfrenten más adelante en la vida.
Algunas de las consecuencias de la sobreprotección hacia nuestros hijos:
Pueden desarrollarse como personas tímida.
Pueden desarrollar inseguridad y dependencia de los padres o de alguna figura de autoridad.
Baja autoestima.
Buscan el respaldo de quien les crean que puede darles seguridad y confianza.
Buscan constantemente la aprobación de los demás.
Se dejan influenciar muy fácilmente por los demás.
Tienen dificultad para socializar.
Muy difícilmente son capaces de decir “no”.
Como padres tenemos la necesidad y hasta cierto punto el derecho de saberqué van hacer nuestros hijos, a donde van, con quien y a qué hora van a estar de regreso en casa, después de todo, son nuestra responsabilidad, les amamos, necesitamos saber que están bien y esa no es una sobreprotección, pero sí es una manera de saber que todo marcha correctamente.
La educación y formación de nuestros hijos comienza muy temprano, desde que nacen… y no se debe pretender sólo cuidarlos en su infancia y de repente, cuando son adolescentes educarles y enseñarles cómo manejarse en la vida, pues su formación empieza desde muy pequeños.
Desde una edad muy temprana debemos ser ejemplo para ellos,permitir que cuando salgamos ellos mismos sepan a qué hora estaremos de vuelta en casa con ellos, el motivo por el que salimos, y donde estaremos. Si desde una edad temprana pueden observar una actitud así en los padres, les será más innato ser responsables y aceptar que ellos también deben justificar los motivos por los que salen, a qué hora volverán y con quien estarán. Hagamos nosotras mismas así como queramos que nuestros hijos hagan.
Si cambiamos de planes nuestraautoridad no tiene porqué verse mermada, pero si les estamos enseñando a ser responsables nuestro ejemplo es esencial. Si sólo damos órdenes pero no hemos sido capaces de darles ejemplo, tenemos sobradas razones para fallar en la educación de nuestros hijos, y por mucho que les protejamos o sobreprotejamos no lo lograremos.
Cuando un plan cambia, debemos estar dispuestas a darles ejemplo de humildad. Ser honestos con los hijos es fundamental para una comunicación efectiva. Como padres, siempre debemos ser sinceros, decirles siempre la verdad por muy difícil que a veces resulte, es necesario ser siempre honestos con nosotros mismos, luego con nuestros hijos, para que la confianza sea la base en su educación y de una buena educación, desarrollar una relación con respeto y mucha comunicación.
Hay una línea muy delgada entre la protección y la sobreprotección, esa es una de las razones por las que algunas veces, invadimos la privacidad e individualidad de nuestros hijos. Respetemos las reglas establecidas por nosotros mismos, como padres, respetemos su individualidad de la misma forma como nos gusta que se respete la nuestra.
Siempre tenemos la oportunidad de mejorar como padres, o de cambiar de actitud hacia nuestros hijos, en pos de una familia feliz.
"AHORA ES EL MOMENTO" (Por Yamila R)
Hay personas que dicen que empezarán mañana, la semana que viene, el mes entrante o cuando se cumplan todas las condiciones…
Nos proponemos realizar cambios en nuestra vida “a partir de mañana”, pero cuando llega el día, siempre falta otro día más.
Todo se posterga, todo queda para más tarde, para un momento mejor, para dentro de poco, pero hoy mismo no… Pues ya no, se terminó el hábito de postergar… ¡ahora es el momento”!
Es común escuchar a alguien decir: “a partir de mañana estudiaré más, dejaré de fumar, dejaré de comer comidas rápidas, dejaré de tomar” y cuando llega ése mañana dicen algo como: no será ahora, la próxima semana sí me lo propondré. Se pasa el tiempo y nunca estudian más, no dejan de fumar, comer comidas rápidas y menos dejan de tomar.
Realmente no sabes si vivirás el lunes que viene o el mes entrante, sólo tienes poder sobre el ahora, y entonces ¿por qué postergar todo a un mañana incierto? ¿Acaso no crees que la pregunta clave es el qué vas a hacer con tu ahora?
Te la pasas pensando en cosas externas y en un futuro en el que quizá no estés y, sin darte cuenta.
Lo único que haces es postergarde forma innecesaria tus tareas. Ello hace que cada vez que llegas a ciertas etapas de la vida entres en crisis, y ¿todo por qué? Porque no has sabido aprovechar el ahora. Así cada fin de año piensas: “no cumplí mis propósitos para este año pero, ¿qué me la he pasado haciendo?” o, cuando llegas a los 30, a los 40 o a las 50 piensas: “¿He hecho con mi vida lo que realmente quería? No quiero que se me vaya el tiempo y…” ¿y qué? El tiempo se te ha ido como el agua entre los dedos y pareces no darte cuenta del asunto, sigues dejando todo para mañana, dejas el beso y el abrazo para las “fechas importantes”, ¿y sabes algo? la fecha más importante es hoy, no después.
El no aprovechar el ahora te trae sentimientos de frustración y culpabilidad y a veces es una forma de no enfrentar nuestros miedos, puesto que aplazamos los acontecimientos con el fin de no enfrentarnos a ellos.
Has estado tan enfocada en un mañana que, no te has percatado que la oportunidad está muy cerca de ti, casi que “respirándote en la nuca”. Es más, está tan cerca, que tú eres quien se ha encargado de cerrar los ojos para no verla… ¡Tú eres la oportunidad! El mañana no existe y tal vez no llegue nunca, el ahora es la oportunidad para abrazar, besar, sentir, hacer ejercicio, comer sanamente, estudiar más y dejar de tomar.
Hoy estás viva y tienes la oportunidad de hacer lo que quieres, el mañana es la muerte y ahí sí que no podrás hacer nada. O acaso, ¿cuándo estés muerta podrás decir “lo haré la próxima semana”?
¡El momento es AHORA! ¡Aprovéchalo!
Nos proponemos realizar cambios en nuestra vida “a partir de mañana”, pero cuando llega el día, siempre falta otro día más.
Todo se posterga, todo queda para más tarde, para un momento mejor, para dentro de poco, pero hoy mismo no… Pues ya no, se terminó el hábito de postergar… ¡ahora es el momento”!
Es común escuchar a alguien decir: “a partir de mañana estudiaré más, dejaré de fumar, dejaré de comer comidas rápidas, dejaré de tomar” y cuando llega ése mañana dicen algo como: no será ahora, la próxima semana sí me lo propondré. Se pasa el tiempo y nunca estudian más, no dejan de fumar, comer comidas rápidas y menos dejan de tomar.
Realmente no sabes si vivirás el lunes que viene o el mes entrante, sólo tienes poder sobre el ahora, y entonces ¿por qué postergar todo a un mañana incierto? ¿Acaso no crees que la pregunta clave es el qué vas a hacer con tu ahora?
Te la pasas pensando en cosas externas y en un futuro en el que quizá no estés y, sin darte cuenta.
Lo único que haces es postergarde forma innecesaria tus tareas. Ello hace que cada vez que llegas a ciertas etapas de la vida entres en crisis, y ¿todo por qué? Porque no has sabido aprovechar el ahora. Así cada fin de año piensas: “no cumplí mis propósitos para este año pero, ¿qué me la he pasado haciendo?” o, cuando llegas a los 30, a los 40 o a las 50 piensas: “¿He hecho con mi vida lo que realmente quería? No quiero que se me vaya el tiempo y…” ¿y qué? El tiempo se te ha ido como el agua entre los dedos y pareces no darte cuenta del asunto, sigues dejando todo para mañana, dejas el beso y el abrazo para las “fechas importantes”, ¿y sabes algo? la fecha más importante es hoy, no después.
El no aprovechar el ahora te trae sentimientos de frustración y culpabilidad y a veces es una forma de no enfrentar nuestros miedos, puesto que aplazamos los acontecimientos con el fin de no enfrentarnos a ellos.
Has estado tan enfocada en un mañana que, no te has percatado que la oportunidad está muy cerca de ti, casi que “respirándote en la nuca”. Es más, está tan cerca, que tú eres quien se ha encargado de cerrar los ojos para no verla… ¡Tú eres la oportunidad! El mañana no existe y tal vez no llegue nunca, el ahora es la oportunidad para abrazar, besar, sentir, hacer ejercicio, comer sanamente, estudiar más y dejar de tomar.
Hoy estás viva y tienes la oportunidad de hacer lo que quieres, el mañana es la muerte y ahí sí que no podrás hacer nada. O acaso, ¿cuándo estés muerta podrás decir “lo haré la próxima semana”?
¡El momento es AHORA! ¡Aprovéchalo!
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